Zhirenshe-sheshen y Khan

En la antigüedad, un sabio llamado Zhirenshe-sheshen vivía entre el pueblo kazajo. Un día, uno de los kanes de la época lo mandó llamar para poner a prueba su elocuencia.
Al entrar en presencia del kan, Zhirenshe lo saludó con las palabras:
"¡Que uno de tus años sea igual a mil años!".
Al kan le disgustó este saludo y dijo:
"Resulta que incluso un hombre elocuente a veces pronuncia palabras tan absurdas e innecesarias".

Entonces Zhirenshe-sheshen respondió:
"Su humilde servidor, señor, dice la verdad: un hombre no está destinado a vivir mil años. Pero si deja un buen nombre, su nombre vivirá mil años. Y además, la vida misma es una época maravillosa: que incluso uno de tus días esté lleno de tanta alegría y significado que sea igual a mil años". El kan comprendió la profundidad de estas palabras, se sintió complacido y le obsequió a Zhirensha un caballo incansable y un abrigo de piel indesgastable. Tal obsequio significaba un favor especial: el kan lo elevó y, con ello, demostró su deseo de verlo servir por el resto de su vida.